A mí me gusta compartir lo que aprendo. Es así de simple.

Por eso llevo años subiendo vídeos al canal de YouTube. Por eso ando por LinkedIn y Twitter. Por eso casi todo lo que he ido construyendo, proyectos pequeños, herramientas para uso interno, plataformas enteras para distintas cosas, ha acabado en GitHub bajo licencia abierta. Y por eso, ahora, también está este blog.

Lo que más he hecho ha sido subir vídeos. Hago publicaciones de cuando en cuando, pero el blog era hasta hace nada un terreno secundario. Sin embargo, me parecía importante tenerlo, sobre todo porque hay cosas que se explican mejor por escrito que en vídeo, y porque un texto se busca, se enlaza y se archiva mejor que un vídeo de YouTube. Y para que estuviera aquí, había que sacarlo de donde estaba.

# El problema no es exactamente Medium

Hasta hace poco mis artículos vivían en Medium. Funcionaba bien: escribía, publicaba, alguien lo leía. A ver, no le tengo manía a Medium. Cobrar por un servicio es legítimo, los autores que viven de escribir tienen todo el derecho a monetizar, y la plataforma técnicamente está muy bien hecha (mejor que este blog, de hecho).

El problema no es Medium. El problema es lo que un muro que te obliga a pagar le hace al conocimiento técnico.

Cuando estás a las 3 de la mañana con un incidente, una base de datos rota, un certificado caducado o un Kubernetes que te tira a CrashLoopBackOff, lo último que necesitas es una pantalla pidiéndote la tarjeta para “seguir leyendo este artículo de 4 minutos”. Necesitas el contenido. Lo necesitas ya. Si no lo tienes, te vas a Stack Overflow, a un README mal indexado de GitHub, al blog viejo de alguien que te saca del apuro.

La documentación informal que escribimos los que estamos en la trinchera, la que cuenta cómo se rompió algo, cómo lo arreglamos y qué aprendimos por el camino, es valiosa precisamente porque es accesible. En el momento en que la metes detrás de un muro, deja de ser documentación y se convierte en producto.

Existe Freedium y todos los espejos que han ido apareciendo para esquivar el muro. Pero a mí siempre me ha sonado impostado. Que alguien pueda leer un artículo “gratis” porque, en realidad, hay otra persona pagando para que la plataforma siga funcionando. La fricción técnica desaparece, vale, pero el modelo sigue siendo el mismo: un muro de pago con la puerta de atrás abierta. Y yo no quiero estar en ese modelo, ni siquiera con la puerta de atrás.

# Lo que estamos perdiendo

Hay otro fenómeno que llevo años viendo y que me preocupa más de lo que parece: internet se está llenando de cotos cerrados. Discords privados, comunidades de Telegram, Slacks de empresa donde el conocimiento bueno fluye en mensajes que nadie indexará nunca. Sitios donde para enterarte de algo tienes que conocer a alguien que te invite, registrarte, presentarte, y cruzar los dedos para que la conversación útil que estás buscando ocurra mientras tú estás conectado.

Antes había foros y blogs. Sitios públicos, indexables, archivables, donde una pregunta hecha en 2009 todavía hoy responde a la duda que tienes en 2026 si sabes buscar. La capa abierta de internet, la que cualquiera puede leer sin login, era enorme y de mucha calidad.

No digo que las comunidades cerradas estén mal. Hacen falta y aportan cosas que un blog no. Lo que digo es que cuando todo se desplaza ahí dentro, perdemos el sustrato común. La parte abierta se vuelve más pobre, la curva se hace más empinada, y el que llega nuevo se encuentra menos pistas en el camino.

Cada vez que alguien escribe algo en abierto, esa capa común se hace un poco más rica. Cada vez que alguien lo encierra, se hace un poco más pobre. Yo prefiero contribuir al primero.

# Democratizar el conocimiento

Yo me crié leyendo gratis. Man pages, mailing lists, foros, blogs personales, README’s de proyectos en SourceForge (odiaba esa web, por cierto). Mucha gente, en muchos rincones, explicando cómo funciona algo sin pedirme un duro a cambio.

Esa cultura me hizo. Y me ahorró años de curva. Cosas que un senior tardó una década en aprender a base de hostias yo las leí en una tarde, y al día siguiente las podía aplicar.

Llevo muchos años haciendo proyectos de naturaleza muy distinta. Algunos pequeños, otros plataformas completas. Y casi todo lo he ido sacando a opensource. La gente a veces me pregunta por qué, como si compartir lo que has construido fuera una decisión rara. Para mí no lo es.

Lo más caro y lo más difícil de cualquier cosa que se construye no es el código. El código se reescribe. Lo caro es aprender, lo lleva toda la vida diciendo mi padre, y antes de él, mi abuelo. Es entender por qué algo se hace así y no de otra manera, qué errores te llevaron a la decisión actual, qué hostias te tienes que dar para ver el problema completo. Eso es lo que de verdad cuesta y eso es lo que de verdad tiene valor.

Yo tengo cierta habilidad natural para aprender rápido y explicarme. Lo supe desde el minuto uno, no es algo que descubriera con los años. Lo que sí he hecho con el tiempo es trabajarla, depurarla, refinarla, pero el material de base venía así. Y sí, es una ventaja competitiva, no voy a fingir que no lo sea. Pero una ventaja competitiva la puedes usar de dos formas: para ti, o para toda la gente con curiosidad genuina que tienes alrededor. A mí me sale mucho más natural lo segundo.

# Que nadie sea imprescindible

Hay otra razón por la que comparto, y es más práctica de lo que parece: NADIE debería ser imprescindible.

He visto demasiadas situaciones incómodas en equipos donde una sola persona conoce el sistema entero. Esa persona se va de vacaciones y el equipo sufre, esa persona se enfada y el equipo sufre, esa persona se va a otra empresa y el equipo se queda en bolas. Y mientras tanto, la propia persona vive con la presión de no poder coger una baja sin que se caiga todo.

Es una mala situación para todos. Es mala para el equipo, mala para la empresa, mala para la persona clave.

La solución es estúpidamente sencilla: que mucha gente sepa cosas, así en genérico. Que el conocimiento esté escrito, esté grabado, esté en abierto, esté donde sea menos exclusivamente en una cabeza. Que cuando alguien se vaya de vacaciones la gente pueda seguir trabajando porque tiene dónde mirar.

Esto, que parece un argumento de gestión de equipos, es exactamente lo mismo que escala al ecosistema entero. Cuando una sola plataforma cerrada acumula todo el conocimiento de un dominio, el dominio se hace frágil. Cuando ese conocimiento está repartido en mil sitios, en mil blogs, en mil vídeos, en mil repos, el dominio es robusto. Simple.

# Sobre los juniors

Hay una cosa que llevo unos años viendo y que me revienta: parece que en algunos sitios los juniors se han convertido en una carga. Una incomodidad que hay que tolerar hasta que produzcan valor. Son algo que ralentiza al equipo, que hace preguntas tontas, que no sabe Git, que rompe el deploy.

Los juniors son el equipo de mañana, si tu organización no tiene paciencia para que aprendan, lo que tienes no es un problema con los juniors: tienes un problema con tu cultura.

Yo fui junior. Tú fuiste junior. Y lo que nos sacó adelante fue, sobre todo, muchísimas horas de I+D programando hasta muy entrada la madrugada, rompiendo cosas para entender por qué se rompían. Pero no solo eso. También fueron sesiones con antiguos compañeros, gente paciente que se sentaba a explicarte qué era una transacción, por qué null != null en SQL, qué cojones era una system call o por qué el linter se quejaba de eso. A esa gente le debo mucho y se lo agradezco aquí.

Y luego estaban los blogs e internet en abierto. Foros públicos donde alguien contestaba a las 11 de la noche sin pedir nada a cambio. Posts de gente que no me conocía de nada y me ahorró semanas de pelearme con un problema.

Si yo puedo ser ese blog para alguien que viene detrás, lo voy a ser. Y lo voy a ser gratis, sin pagos de por medio, sin pedirte el email, sin venderte nada (quizás te vendo un poquito de mis mierdas, que son gratis, así que no es vender ¿no?). Que entres, leas, copies el bloque de código y te vayas. Si te sirve, mejor. Y si encima te animas a escribir tú lo tuyo, perfecto: la rueda sigue girando.

# Qué cambia y qué no

Lo que cambia:

  • Las publicaciones nuevas viven aquí, en achetronic.com. Sin muro de pago.
  • Hay RSS. Sin login. Sin algoritmo. El lector que tú quieras, en el orden que tú quieras.
  • El código del blog también es abierto. Si te gusta cómo está montado, cógelo.
  • No hay paywall, no hay banner pidiéndote permiso para nada, no se te pide un email para leer. Habrá métricas básicas para saber qué funciona y qué no en el blog (qué se lee, qué enlaces fallan, qué dispositivos llegan), pero ni se te perfila ni se vende nada a nadie.

Lo que no cambia:

  • El tono y las áreas (backend, SRE, Linux, Kubernetes, autenticación, infraestructura, lo que vaya cayendo).
  • Las formas de seguirme: YouTube principalmente, también GitHub, LinkedIn, Twitter. Donde estaba, sigo.
  • Los proyectos seguirán saliendo a opensource. Esa parte ni se discute.
  • Las publicaciones viejunas se quedan en Medium por ahora. Quizá las migre, quizá no.

# Y ya está

No hay más misterio. Comparto porque me gusta compartir y porque me parece la mejor forma de que sigan pasando cosas impresionantes. Lo que yo hice para llegar hasta aquí, sinceramente, no se lo recomiendo a nadie: muchísimas horas, mucho hardware quemado, mucho aprender solo a fuerza de romper cosas, a costa de la salud. Funcionó, pero es una manera bastante salvaje de aprender. Si lo que pongo aquí le ahorra a alguien una parte de ese camino, ya está justificado.

El blog es la vía menos ruidosa que conozco para hacerlo: un sitio fijo, en abierto, indexable, archivable, suscribible por RSS, sin que un señor de San Francisco decida quién puede leer qué.

Si te sirve algo de lo que escribo, suscríbete por RSS o pasa de vez en cuando. Si te sirve más algún vídeo, allí sigo subiendo cosas también. Y si escribes tú también, o grabas, o subes proyectos, sácalos del coto cerrado.

Te lo agradecerá alguien que ahora mismo está intentando entender por qué su Pod no arranca.